¿El grande se come al chico? O el ágil se come al lento...


“El grande se come chico...” Al escuchar esto, me siento en una clase de economía de 1990. Sin embargo, esta frase era considerada totalmente cierta y respetada por todos. No había mujer u hombre de negocios que dijera lo contrario (insisto, en 1990). Pero los tiempos han cambiado.


Hoy se ha detonado una cultura de nuevas ideas, convertidas en “startups”. Ideas que buscan cambiar la vida de las personas y resolver todos aquellos problemas que históricamente no se percibían importantes... “huele a emprendimiento” dirían algunos.


Nunca antes se habían visto tal número de de iniciativas, ni de fondos de capital dispuestos a apoyarlas y llevarlas a cabo.


Es entonces donde ese dicho: “el grande se come al chico”, se pone a prueba. Porque cada vez son más los casos de éxito, que sin importar el tamaño, “el ágil, se come el lento”.



Por ejemplo en el ecosistema Fintech, no sonará raro el caso de Konfío. Una organización que de acuerdo a su fundador (que lamentablemente no tengo el gusto de conocer, pero que sí tuve la oportunidad de escuchar en una conferencia), inició su operación con muy pocos recursos, pero con objetivos claros y un deseo indiscutible de hacerlos realidad con ayuda de la tecnología.


Hoy Konfío, gracias a su agilidad, ha aventajado a la gran mayoría de sus competidores, posicionándose como uno de los jugadores Fintech más importantes de la región.


Y es que una y otra vez, la innovación “saca su mejor cara”, dando evidencia que ésta (la innovación) es el camino correcto. Porque hoy no importa el tamaño de una organización; sino la agilidad que tenga para adaptarse y seguir ofreciendo valor a sus clientes.


Pero ojo, no es lo mismo ser ágil que ser rápido. Se puede ser rápido trabajando a marchas forzadas, 16 horas diarias y llevando al borde estrés a toda la organización. Eso sólo crea una bola de nieve donde cada colaborar termina “reventando”, colocando a la organización en gran riesgo para enfrentar los retos presentes y futuros.


Una organización ágil, es aquella que cuenta con la flexibilidad para adaptarse al cambio. Que no tiene miedo a probar, a experimentar y hasta a equivocarse. Porque sabe que si prueba y se equivoca, habrá aprendido y el costo será bajo. En el mismo sentido si prueba y acierta, el beneficio ser sustancial.


Porque una organización ágil, aunque pequeña, tiene el potencial en el corto plazo de convertirse en un jugador estelar.


Por el contrario una organización lenta, aunque sea grande, corre un riesgo importante de vivir un momento Kodak (te dejó aquí un artículo donde hablamos de esto).


¿Pero cómo alcanzar ese grado de innovación? La respuesta es: DEPENDE, porque hay muchos caminos para ello; desde invertir grandes sumas de dinero para construir y mantener competencias tecnológico-digitales (te dejó aquí un artículo donde hablamos de ello), o buscar a un aliado tecnológico que te permita ser parte del ecosistema Fintech.


Sin importar el camino, lo importante es innovar y hacerlo de manera ágil. Y no me refiero a implementar certificaciones, cursos o metodologías interminables.


Porque ser ágil no implica adoptar una metodología, sino adoptar un cambio de pensamiento ¡Sí! Hay metodologías ágiles, pero antes de implemente alguna de ellas, primero hay que adoptar una perspectiva ágil.


Hoy en día el ser ágil esas importante que ser grande o rápido. La agilidad yo la traduzco en la capacidad para crear soluciones flexibles que ofrezcan alto valor para tus clientes.


Hablo de entrelazar la estrategia con la táctica para: 1) proponer, 2) diseñar, 3) probar y 4) evaluar, en pequeños pasos... “baby steps” lo llaman los Americanos.


Cada uno de estos pasos, tiene su magia en la ejecución. Requiere disciplina, continuidad y ambición. Y aún cuando quisiera describir cada paso, no me es posible en este artículo (porque perderíamos el propósito de este blog). Sin embargo, te invito a contactarnos y seguir conversando al respecto aquí.


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G.


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Por Gustavo Solorio, Co-Fundador de Croop.

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